Policial, negro


Un cuerpo cae en desuso. Desarticulado, maniatado, revuelve el polvo a medida que sigue cayendo en espirales azarosas. No hay dolor, no hay vida. Gira compacto sobre si mismo sin obedecer leyes musculares, todo gira hacia donde la velocidad y la sinuosidad del camino lo deciden.

Lejos un hombre empieza a reconstruir un hecho.

Del pantalón se desprende un papel con varios nombres. Es sorprendente que no se haya caído con la violencia con que el cuerpo fue empujado desde un auto a gran velocidad. El amanecer y el cuerpo se conjugan en un armónico cielo rojizo. Rojo el cuerpo, rojo el amanecer.

En el armario de una casa cercana un joven busca un arma.

Mente en blanco. El ritmo de la respiración se lleva los despojos del día y comienza a expandir una sensación de alivio. Un manojo de preguntas le estalla en el cuerpo, no podría precisarse dónde, pero se apodera de todo lo blanco hasta hacerle abrir los ojos. ¡Mierda!

Una reunión de taperware en la sala de una casa. Una muchedumbre de manos femeninas se apoderan de una comunión de objetos de plástico, souvenires le dicen. El precio de los productos es alto pero lo vale. A un costado el mismo joven con un arma en la mano reparte balazos a cada una de las participantes del evento. No las elige sino que se deja llevar por la cercanía o la suerte de su encuentro. Se acaba el sonido, se acaba la gente, se acaban las balas...


Sr. Tesista su cuerpo se cae

Sr. Tesista su cuerpo se cae


Apertura


Todo surge de una cita de un cuaderno de Rodez:


1 pie
2 fémur

3 occipucio

4 bajo muslo izquierdo,

5 pubis

6 árbol ano

Nunca volveré a
la materia sino que siempre conservaré mi
cuerpo de los pies a la cabeza
7 las 2 caderas
un hombre caído, el monóculo de la faz derecha hasta los pulmones,
No lo ven y no lo empujan sino que lo aflojan como monos colgados,

Y no será el último
De donde a continuación
9 un pecho Satán de abdomen…


(Artaud, 85: 50)


A primera vista, el texto parece una lista o inventario. Frente a la imposible comunión de las partes en un mismo territorio, nace la incomodidad. El enigma se establece entre la organización dispuesta por la cadena numérica y el aparecer de unos órganos. La imaginación no abarca sino que estalla. Luego, tras una anatomía borrosa, una voz intenta una reflexión y con ella aparece una serie de objetos conocidos y señalamientos espaciales. En este texto algo escapa o no termina de cuajar nunca ¿biología, botánica, literatura o religión? varios tipos de órdenes se han dado sitio para jugar con la palabra. Esta vez lo poético no se parece a la gracia que nos libera de las crueldades del mundo. Lo escrito, en cambio, nos ha hundido más en el infierno.


Lo artificial del mundo que vuelve

Lo artificial del mundo que vuelve

¿Por qué al ver esta foto crece dentro mío algo parecido a la ternura? ¿Por qué un grupo de personas, que no conozco, vestidos con trajes artificiales pueden llevarme al espacio tibio de mi niñez? ¿Esto no será peligroso?


Entrevista a Rafael Spregelburd

Entrevista a Rafael Spregelburd

Es alto y prolijo a pesar del jogging y de su apuro por ir a ensayar con su compañía uno de los proyectos para el año que viene. Tiene muchos planes andando y no escatima una entrevista a pesar de ello. Es correcto y atento pero algo en sus ojos muestra sus movimientos interiores y pensamientos en relación a otras cosas que no son la entrevista. Poco a poco, como un marino tímido, se va metiendo al mar de las preguntas y se encanta con ellas.

E.M.-¿Qué te parece el termino de “Nueva dramaturgia argentina”? ¿De que manera te relacionás con él?

R.S.-Todo nombre o todo mote como “Nueva dramaturgia argentina” me parece que oculta una actitud peyorativa que nunca es asumida como tal. Es decir, depende quién lo diga. Si me lo dice un autor de mi propia generación, un contemporáneo, un compañero de tareas, entonces uno entiende a que se refiere: se trata de autores de cierta edad que no están haciendo tal cosa sino tal otra. Pero cuando los organismos culturales hablan de la nueva dramaturgia es una manera de no querer decir dramaturgia a secas.

E.M.-¿A que te referís?

R.S.-Cuando uno dice “éstos son los autores del nuevo teatro argentino” me parece que se esconde detrás, en algún lugar, la idea de que son autores malos. Es decir, no escriben teatro sino “nuevo teatro”, de alguna manera se nos toma en situación de que ya aprenderemos el oficio. Esto a mí me parece totalmente equívoco, pienso que hay nuevos autores que con su primera obra sorprenden a toda una comunidad teatral aunque no tengan nada de experiencia detrás, y autores muy consagrados que también manifiestan retrocesos en sus búsquedas. Es decir, no significa nada la idea de ser nuevo. Sí ocurre que, cuado toda una generación en un país de pronto desconoce la tradición previa o decide que tiene muy poco que ver con aquello que le es inmediato en el tiempo, aparece una especie de problema sociológico y todo el mundo trata de ponerle nombre a ese fenómeno.

E.M.-Entonces, ¿encontrás una relación directa entre esta nueva dramaturgia y el hecho de que la mayoría de los autores teatrales son también muchas veces directores y hasta actores?

R.S.-Supongo que en otras culturas teatrales uno tiene la sensación que se trata de una acumulación de trabajos, esto es actuar, dirigir, escribir. En Buenos Aires, no es así. El trabajo es uno solo, el teatro, o la producción de teatralidad Es completamente natural, los autores más interesantes de mí generación son también directores de sus obras y muchas veces actúan en ellas. Me parece que es producto una marcada brecha generacional, donde nosotros no encontrábamos, cuando nos formábamos como actores, los textos que nos gustaría actuar y entonces hubo que salir a producir esta textualidad. Pero insisto, no lo veo como demasiado, me parece que no, simplemente la orientación hacia un tipo de pensamiento que a mi me interesa que es el pensamiento teatral, que es un pensamiento lúdico no científico, un pensamiento que re-organiza y recicla el mundo alrededor de acuerdo a unas leyes muy extrañas, muy cambiantes, y que cuando uno siente verdadera pasión por este tipo de leyes o mundo, es natural que intente expandirse dentro de todos los terrenos que ocupa la actividad teatral. En otros países la profesionalización es tal que estipula una serie de reglas que a nosotros nos son totalmente absurdas. Esto no quiere decir que acá se haga un teatro mas amateur, sino que no está regulado hasta el punto que los límites entre el área de la dirección y la escritura queden tan marcados.

E.M.-¿Y cuáles son las ocurrencias temáticas o formas que proponen estos nuevos autores?

R.S.-No es que uno dice “soy autor de la nueva dramaturgia” y entonces debo escribir lo nuevo o debo producir de determinada manera diferente a lo que ya se hizo porque soy nuevo. Nada de esto ocurre en nuestra cabeza. Uno escribe la obra que le gustaría ver, y si esto no se parece mucho a lo que había antes el mote viene desde afuera. Yo creo que hay que resistirse a esta ilusión simplificadora, también dentro de nuestra generación en Buenos Aires hay autores de edades muy dispares: un Daniel Veronese que, por ejemplo, me lleva a mi entre 10 y 20 años no pertenece a mi misma generación y, sin embargo, comenzamos a escribir en una época parecida, con preocupaciones formales o procedimientos que pueden llegar a tener puntos en común. Pero insisto, lo que nos emparenta a todos los “nuevos autores” es haber empezado a escribir en una época muy particular, que en este país tiene nombre y apellido: la época del Parakultural.

E.M.-¿Cuáles son las implicancias para el teatro, en general, que trae el Parakultural?

R.S.-Es una experiencia post-dictadura, donde el teatro se libera de su responsabilidad social de trabajar continuamente con lo serio. El teatro se puede permitir así mismo una mirada poco seria de la política, de la sociología, de los problemas de lo real. Me parece que todos fuimos muy impactados por esta experiencia breve pero muy intensa de los comienzos de la democracia.

DECLARACION / MANIFIESTO

En el principio hay todo. Y algo de ese todo sigue caminos diferentes, como partes de ese mundo-universo, que se distiende, gira, tuerce y hace pliegues de la misma materia, misma mónada, mismo mundo-cuerpo. Altillo, baúl, casa, madre, ciudad, son materias de la misma mónada. Ahora el cuento: En un principio, no tan lejano, había un teatro muy aburrido que no daba sorpresas sino regocijo de señoras y señores sentados en cómodas butacas que pagaban en dinero sus entradas calculando la emoción a recibir. Nada molestaba ni creaba experiencia nueva. Solo se sabía que luego de concluida la función el mundo estaría allí, fuera, todo continuaría como antes de entrar al teatro. Interludio: No siempre fue así, anteriormente el teatro fue ritual o el ritual fue teatro y lo santo y lo peligroso y algo de lo ingobernable se palpaba en la danza, en el mantra, en la polis, en la tragedia, en la comedia del arte, en el teatro isabelino (para algunos manierista para otros barroco). Claro, Chejov, el gran cambio cuando todo se había hundido, brindó al teatro el drama íntimo de una capa social en ascenso estancado, dejó las tan remanidas historias mitológicas a un costado y postró al burgués a ambos lados del escenario: problema psicológico burgués sobre las tablas- problema psicológico burgués en las butacas. Claro que esto fue un gran cambio, permitió una nueva experiencia estética de mirarse el ciudadano a sí mismo dislocado en una representación (drama burgués), pero irremediablemente dejó ausente el lugar que el teatro siempre tuvo: el de mostrar los pliegues de la mónada. Entonces, llega Jarry con su Ubu Rey, llega Ionesco y el DADÁ y los surrealistas y sobre todo Artaud. Nos detenemos cinco minutos, tienen tiempo de ir al baño, luego seguimos camino. Antonin Artaud, el rey Momo, aquel que creyó tanto que la realidad era de forma diferente a la que enunciaban las ciencias, la política, la ciudad. Porque la ciudad es ante todo una experiencia, una nueva cuadriculación de los actos, lugares o roles a referirse, control, disciplinamiento y control, por eso teatro-artaud y Baudelaire pesando en las espaldas de Artaud y Nietszche jugando en su hombro o solo revoloteando en su mente, Benjamin, Bergson, Breton, Bataille, (y es la serie B que hace pliegue en este entramado que desborda la escritura) sin eso no queda más que nihilismo y posmodernidad acabada, cínica, en definitiva quietismo. Así damos cuenta de algo más que teatro, de una sensación de época que atraviesa a todos, pero hacen materia de la expresión pocos, que regurgita sus estómagos y los hace gritar contra todo lo establecido.


miércoles, 1 de agosto de 2007

mampostería

que lindo que lindo que lindo